J Balvin, el músico que mediante la meditación logró unir los colores y el reggaetón

J Balvin decretó que el amarillo es felicidad, el azul es mar, el rosa es sexy, el verde es prosperidad, y el arco iris junta un montón de cosas buenas: unión, inclusión, amor, felicidad, buenas vibras, tolerancia y vida. La mayoría de los seres humanos no tienen experiencias conscientes de color cuando miran números, letras y palabras, pero los sinestésicos y J Balvin, sí. No es que haya contraído esta variación en la percepción de sus sentidos, sino que el músico colombiano sacó un disco en el que combina todo en un momento de su vida en el que lo fundamental es poder meditar y encontrarse consigo mismo. Para no perderse más.

Oriundo de Medellín, J Balvin es un tipo muy serio en persona, hasta parco. Puede pecar de vergonzoso o de soberbio, pero es así, como cara de póker, esa gente a la que es difícil adivinarle el pensamiento. A diferencia de la imagen que puede dar en una entrevista cara a cara, desde hace algunos años -y con la tecnología de su lado- J intenta mostrar cada vez más su parte de José. Así se llama: José Álvaro Osorio Balvín. Uno de esos momentos en los que se ha abierto es en el podcast que lanzó a comienzos de este año, “Made in Medellín” (disponible en Spotify) y en el que capítulo tras capítulo va mostrando un poquito de su historia, sus gustos, su presente.

En un fragmento titulado “La diferencia entre José y Balvin”, donde habla gente cercana a él, se oye una voz que dice: “Conozco mucho de Balvin y poco de Jose, porque me dediqué mucho al personaje y ahora estoy empezando desde lo básico y lo simple. Yo siempre he estado en esa dicotomía y es que finalmente, sin José no hay J Balvin, yo creé ese personaje, Jose creó ese personaje, pero al final ese personaje es… Soy yo”. El que habla es él. De modo que la tercera persona termina confundiendo a J Balvin y al propio José. A la que nada la marea es a su madre.

“Soy Alba Mery, la mamá de Josecito, J Balvin para los que no lo conocen”, se presenta su mamá, casi tímida en el último tramo del podcast. “Ahora es que veo a mi madre y a mi padre, ahora es que somos amigos, ahora es que llamo a mi mamá prácticamente todos los días para ver cómo está, volví a lo simple, y sí me abastecen con lo que necesito que es apoyo, escucharme, darme sus consejos”, dice él al borde de la emoción. Acto seguido, su madre cuenta que el sueño de su José, cuando era chico, era volar como Superman. Y que por eso se tiró de un segundo piso y quedó inconsciente. “Pero mira que todo en la vida enseña”, dice Alba Mery, muy tranquila. Ahora se entiende de dónde sacó la estrella del reggaetón esa cuota de sobriedad.

En el podcast, el cantante habla del nacimiento del género que lo hizo famoso, y del que él también es un pionero: “La relación de Medellín y el reggaetón llegó de una manera muy orgánica porque éramos muy pocos lo que lo escuchábamos y nos sentíamos muy orgullosos de que nadie tuviera tan preciado sonido”, explica. Luego detalla sus favoritos por esa época: Daddy Yankee, Wisin y Yandel, Tego Calderón. Balvin reconoce que, por ese entonces, eran todos bastante celosos del estilo, no querían que se hiciera popular, hasta que se les fue de las manos. El reggaetón ya estaba por todo Medellín y J Balvin listo para refundarlo.

Colores es el nuevo disco de J Balvin y sale en un momento oscuro del mundo en general, no hay país que no esté sufriendo por la pandemia del Coronavirus. Sin pensarlo, ya que lo venía trabajando desde mucho antes, el colombiano se propuso traer a la Tierra “color, alegría y vibras positivas”. En más de 30 países ya rankea como el mejor y suma 1 billón de reproducciones en distintas plataformas digitales, así que Balvin también aprovechó sus redes sociales al máximo para comunicar, hacer notas y expresarse sobre diversos temas.

“Crecí escuchando los temores de los demás, y esos temores terminaron siendo mis temores”, reconoció el artista, plasmando en su podcast una de las frases más auténticas que haya dicho en público alguna vez. Pero Colores es todo lo contrario, es no miedo, no bajón, no oscuridad. Para realizarlo, y poblar de margaritas un poco lisérgicas todo el arte de su nuevo material, contó con la dirección creativa de Takashi Murakami, un artista al que han bautizado “el Andy Warhol japonés” por su estilo pop. Murakami es el impulsor del movimiento denominado “Superflat” y quien ayudó a J Balvin a darle color a sus canciones.

Con este disco, J Balvin quiere hacer algo más invitar al perreo, aunque parezca raro, el colombiano está seguro de que va a poder llevar al que lo escuche hacia otro nivel, mucho más espiritual. El comunicado de prensa no se anduvo con medias tintas: “En cada video corto, J Balvin nos guía a través de una corta meditación que canaliza cada tonalidad y explica la relación entre el color y la música, y cómo es capaz de ver y sentir la música en un espectro de colores, motivando a los oyentes a abrir sus corazones y mentes para experimentar la música de esta forma”.

Para la medicina alternativa, los colores tienen poder sobre las personas, dependiendo de cómo se usen. En algunos textos se menciona que Hipócrates usaba ungüentos y bálsamos de diferentes colores y que el médico árabe Avicena, en el siglo IX, ya había descrito las propiedades del color en el tratamiento de las enfermedades. Durante siglos la cromoterapia (terapia de los colores) estuvo olvidada, pero se retomó en el siglo XX y en el XXI vuelve en forma de reggaetón. Uno de sus beneficios, dicen sus cultores, es “generar un estado que facilite la sanación de enfermedades y restablecer los desequilibrios que producen dichos padecimientos”. La música también puede hacer eso J Balvin y lo puso en práctica.

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